La celestina prostitutas vestidos prostitutas

la celestina prostitutas vestidos prostitutas

A la muerte de Celestina, Elicia tiene un enfrentamiento con la realidad. Es la manceba de un militar; la trata como su señora, ya que le paga todos los gastos diarios. Conviene recordar que en el siglo XV el amancebamiento estaba permitido. El amancebamiento, por tanto, no atentaba contra el buen funcionamiento del orden urbano; de hecho, se consideraba que era una solución excelente para que los hombres solteros mantuvieran relaciones sexuales periódicas en su etapa de soltería.

Éstos cumplían diversas funciones: Sus amores con los criados de Calisto contrastan con la relación de Melibea y su amado. Representa el extremo de toda represión. Es la alcahueta de Melibea. Lucrecia es muy parecida a los criados de Calisto, ya que su maldad sobresale en el hedonismo o el interés por la sensualidad; esto lo podemos ver en el momento en que Celestina habla sobre la vida de las prostitutas.

Cuando Calisto canta con gran sensualidad sus canciones y Melibea tiene relaciones con Calisto, Lucrecia siente envidia hacia su ama. Es por ello que a Celestina no le fue difícil sobornar a Lucrecia con lejias para enrubiar cabellos y los polvos para quitar olores de la boca. Pero a diferencia de los criados, en ella no existe resentimiento alguno ante el trato de sus amos.

Tal es la separación de los dos aspectos, que en el trasfondo de la obra se pretenden fundir: Muchos años después de La Celestina , al traducirse al español la Comedia Eufrosina , tres figuras destacadas de nuestras letras opinan sobre ella y aprueban su publicación.

El maestro humanista Ximénez Patón insiste en el mismo punto de vista, distinguiendo entre corteza y sustancia. Y, finalmente, Quevedo escribe: Y esta manera de entender la obra es tan generalmente aceptada que los críticos ilustrados del XVIII se ven obligados todavía a hacerse cuestión de ella y a rechazarla expresamente. En ello ha insistido Bataillon y no se puede desconocer la muy fundada presentación que él ha hecho de ese nudo central de la obra A través de un problema elegido con gran acierto, La Celestina nos presenta el drama de la crisis y transmutación de los valores sociales y morales que se desarrolla en la fase de crecimiento de la economía, de la cultura, y de la vida entera, en la sociedad del siglo XV.

Atañe al conjunto de la sociedad. Tenemos que distinguir entre la imagen de la sociedad y de los hombres que el autor nos presenta y los fines que le mueven al hacerlo así. El autor no se dispone a defender a aquella, ni nos invita a estimarla como valiosa y ejemplar. Hay en la obra -y tal es su propósito final- una reprobación de la sociedad que pinta, por lo menos en algunos de sus aspectos principales.

Pero, al mismo tiempo -y tal es la gran ocurrencia de Rojas-, hay una aceptación de la sociedad misma que se critica, como plano del que hay que partir: Sin duda, el honor, el deber, la fama, el puesto social, etc. Por eso es posible que se escriba una obra como La Celestina.

Esa crisis social a que hemos aludido empezaba en ta parte alta de la estructura social. Pero el desorden interno que este personaje pone de manifiesto afecta ya a todos los estratos de la sociedad.

La clase de los señores, como clase dominante, es, sin duda, la responsable de la estructura y perfil de la sociedad. Mediante su dominio de los recursos de que la sociedad en cuestión dispone, aquella clase determina el puesto de cada grupo social en el conjunto, el sistema de sus funciones, el cuadro de sus deberes y derechos, es decir, la figura moral de cada uno de esos grupos.

En definitiva, la clase dominante es la responsable de las relaciones ético-sociales entre los diferentes grupos. Pero esto no es todo. En el prólogo del Anfitrión de Plauto, de donde, como es sabido, arranca la denominación de tragicomedia, se explica la invención del término por que en la obra aparecen reyes y dioses mezclados con esclavos En La Celestina , la utilización por Rojas de tal término denuncia la profunda fusión de ambos planos sociales en su obra: El grupo proletario se instala en el centro de la acción; tal novedad se muestra por igual en la doble cara tragicómica de La Celestina.

El planteamiento interrogativo del tema -anticipadamente shakespeareano- nos hace patente el fondo de la cuestión: Sobre esa base, el desatarse del drama de Calixto y de cuantos le siguen resulta inevitable He aquí el problema de fondo. Esa unidad se traducía en la unidad de Dios, en la del universo, en la unidad de una ordenación moral, en la unidad de un sistema social Orden y jerarquía fundaban esa unidad. Pues bien, esa unidad es la que queda fundamentalmente trastocada: En el siglo XV el sentido de esta crisis es claro, por mucho que todo esto haya que considerarlo en una fase inicial, cuyo sentido, sin embargo, algunos, y entre ellos Fernando de Rojas, advirtieron desde muy pronto.

Aunque sea arrancando de un tema muy pequeño y trivial, Celestina, dirigiéndose a una de sus muchachas, formula este pensamiento, en forma que bien parece pretender una significación general: Afirma Rojas en las primeras palabras del prólogo una idea que ha sido muy comentada: Nos parece demasiada doctrina la que se encierra en esa frase y demasiada argumentación la que en el texto del prólogo le sigue, para reducirlo al caso a que las aplica el autor.

Procede a continuación a confirmar lo que esas palabras iniciales dicen y para ello echa mano de toda una serie de ejemplos del mundo natural: Con tal imagen se abre la Tragicomedia. Luego confirmaremos esta relación, que aquí, por primera vez, nos surge al paso, y nos surge, precisamente, en el momento mismo de abrir la obra.

Los hombres del siglo XV, bajo la crisis de las ideas tradicionales de unidad y armonía, vivieron agudamente un sentimiento de variedad y de contraposición. En esos años críticos la imagen del mundo como concurrencia y lucha parece imponerse desde el plano de las relaciones económicas de mercado, que sobre esto ejercen una influencia decisiva, hasta el de las concepciones acerca del universo. Pero mientras, en el grupo de los personajes de La Celestina , veremos luego a Pleberio, como conclusión del drama que todos ellos han vivido, formular la tesis de que el mundo es un desorden fortuito contradictorio.

A nuestro modo de ver, es el desarreglo de la clase alta, de la clase ociosa -tal como pudo ser considerado con un criterio moralista en su tiempo-, que va a repercutir sobre todo el cuerpo social.

La Celestina nos da la imagen del mundo social del primer Renacimiento, sociedad que, en un plano destacado, nos presenta a la clase de los ricos bajo una nueva forma.

La posesión de grandes bienes queda asimilada a la nobleza. Tal es el sentido sociológico de la clase ociosa, en virtud de las transformaciones sufridas por la sociedad estamental en el otoño del Medievo.

El término, ocio , tal como aquí se emplea -diremos nosotros, siguiendo a Veblen-, no comporta indolencia ni holganza. A las alteraciones sociales que provoca la constitución de la nueva clase ociosa de los ricos, responde fielmente el mundo de La Celestina. En el estadio de amplio desarrollo económico y en la situación cuasi-pacífica que alcanza la sociedad al término del Medievo, se produce el fenómeno de que los medios de que tradicionalmente se servía el caballero para conseguir reputación son reemplazados por medios económicos, medios con los que se alcanza aquella reputación social, en cuanto que permiten adquirir y conservar la riqueza.

Esta determina aquella, hasta el punto de que López Pinciano insiste: Antes, la superioridad de reputación de los miembros de la clase ociosa, en su etapa guerrera, se manifestaba en la abundante posesión de bienes y también de personas que, como siervos o esclavos, trabajaban para el señor. De bienes y esclavos se había apoderado este por medio de sus armas y el dominio sobre unos y otros le libraba de trabajar.

Su valor le eximía de trabajo material con lo que, andando el tiempo, la exención de trabajo manual fue testimonio de valor. Ahora, en la etapa pacífica o económica, la superioridad se ha de reflejar también en un efectivo dominio sobre cosas y hombres. Nuevos ricos que quieren ser reconocidos como nuevos señores, tienen que establecer formas adecuadas en las que externamente se proyecte su condición de distinguidos. No hay en el texto de la obra ninguna alusión militar que le afecte, y, en sustitución de ello, demuestra ostensiblemente su ocio, practicando actividades o deportes meramente gratuitos -la caza, el paseo a caballo, el juego, el amor-.

No sólo es rico, sino que lo ostenta. La preocupación en este por las galas de vestir, que se hace patente en momentos importantes de la obra y se repite en todas las novelas del mismo género, responde cumplidamente al esquema sociológico que hemos expuesto. Son los hijos de una clase que trabajó severamente en acumular fortuna.

Sus costumbres, sus sentimientos, su conducta entera, vienen condicionados por la posesión heredada, no ganada, de ricos patrimonios. Sus padres habían vivido bajo la ley de un ahorro calculado, de una administración inspirada en alto decoro, sí, pero de severa medida en lo adecuado de sus gastos. Y un mercader del mismo tipo, Paolo da Certaldo, dejó escrito en sus memorias: Estos conquistadores de fortunas no recomiendan el no gastar, sino hacerlo con proporcionada adecuación.

Sus hijos no se salen de esta norma, aunque le den diferente aplicación, cuando gastan espléndida y ostensiblemente en lo que piensan que les conviene, esto es, en llevar una vida de grandes señores. Debido a la aparición de estos hijos de ricos, en el siglo XV hay, comparativamente, un desarrollo inusitado de los objetos de lujo.

El refinamiento y multiplicación de los artículos de consumo alimentos, bebidas, trajes, etc. Tenemos, poco anterior a La Celestina , un testimonio sumamente vivaz y pintoresco de esta nueva situación social.

Haciendo la crítica de su tiempo, escribe el bachiller Alfonso de la Torre: Hay un dato sumamente elocuente: Lo sabe muy bien la vieja Celestina: Todavía décadas después, un médico lo declara en términos semejantes. Ello nos confirma cómo el lujo ostensible en el consumo era ley para un joven señor rico ocioso como nuestro protagonista. Pues bien, a esa joven brigada de gozadores y gastadores podía pertenecer sociológicamente Calixto.

Y en su mundo y medida, como corresponde a su condición femenina, Melibea. Pero ya en la Historia troyana descubrimos que un nuevo elemento ha sido introducido: Recordemos los términos en que Calixto hace el elogio de Melibea: Es el espíritu de la alta burguesía el que causa este cambio, como luego tendremos ocasión de exponer. La aplicación del esquema interpretativo de que nos venimos sirviendo se puede seguir en otros aspectos.

Todo ello nos da el cuadro de la alta clase distinguida, económicamente privilegiada, en la fase del primer Renacimiento. Bajo este aspecto nos aparecen ya los ricos del mundo social de La Celestina.

Tanto se atribuye en ellas alto linaje a Melibea como a Calixto, por tanto, no tienen por qué, los que con juicio crítico e histórico hoy interpreten la obra, aceptarlas en un caso y rechazarlas en otro. Rojas, cristiano nuevo, por su procedencia judaica y por su profesión de abogado, estaría próximo a los medios de la burguesía mercantil, tal vez sin participar de ella, y se sentiría preocupado por la relajación o desmoralización -en el sentido de la moral social tradicional- que en tales medios se producía, por, la caída de los viejos vínculos y el olvido de las viejas convenciones sociales que las relaciones mercantiles traían consigo.

Un trastorno en la vida de la sociedad traído por las relaciones cosmopolitas, exóticas, de los ricos, esto es lo que ya en los hijos de la gran burguesía se ponía por entonces de manifiesto, aunque en las nuevas maneras ennoblecidas de sus jóvenes no quedara a veces aparentemente ni el recuerdo del tipo de vida burguesa de que procedían.

Mencionemos algunas de ellas. Para expresar, en otra ocasión, su pesimismo, le oímos decir: Una feria con sus compras y ventas de mercancías, es la imagen que le viene a la mente en tan triste ocasión.

En su lamentación por la muerte de la que llama su rica heredera, Pleberio exclama: Estas frases no han sido objeto de una interpretación satisfactoria. Nadie a esto llamaría haber fabricado navíos, ni hoy, ni menos en el siglo XV, en que la palabra, de reciente difusión, designa embarcaciones importantes. Pleberio es, pues, por confesión propia, constructor o armador de naves, que ambos sentidos pueden tener sus palabras.

María Rosa Lida ha hecho observar que en la obra de Petrarca De remediis utriusque fortunae -cuya influencia sobre La Celestina es tan amplia y relevante- aparece también un personaje en cuyas naves se cargan ricas mercadurías Ello completa el marco en que Rojas quiere situar el drama del desarreglo de los juicios morales que presenta en su Tragicomedia. Son los honores sociales que el rico burgués compra con su dinero, introduciéndose en formas de tipo nobiliario, por la nueva vía de la riqueza.

Para terminar nuestra interpretación, tengamos en cuenta que de todo ello habla Pleberio en una imprecación a la fortuna, a la que ha llamado administradora de los bienes materiales: Tal es el proceso de ennoblecimiento del burgués rico, conforme al tipo a que pertenece Pleberio, el cual ejerció en años anteriores el comercio por mar. Así lo había sostenido Cicerón 47 y así se pensaba y se practicaba en la Europa del Renacimiento.

Se trata de una traducción casi literal de Cicerón A fines del mismo siglo, todavía expone la tesis, como criterio general y con plena aceptación, López Pinciano En el pasaje de su De Officiis que acabamos de recordar, Cicerón hace un comentario interesante: Pues bien, la doble referencia a los navíos y a sus grandes heredamientos, en las palabras de Pleberio, coincide con ese esquema.

Apenas si se encuentra una sola mención de parientes y amigos, muy lejana y débil, en comparación con el modo que pudiera tener de considerar la parentela un joven de antiguo linaje distinguido. Se entretiene en deportes de contenido caballeresco subsidiario, sin otra excepción que la caza, de modo que no hay la menor alusión militar en torno a él.

Llama la atención la poquísima familiaridad que todos, en torno a Calixto, tienen con las armas, lo extraño que se les hace a los seguidores de este joven amo ir armados. A nadie, al recomendarle huya de los peligros del amor, se le ocurre proponerle se entregue a empresas guerreras. Sus servidores son de poca calidad o improvisados -como ese mozo de espuelas que tiene que hacer las veces de criado personal. No hay mención de posibles propiedades señoriales, y en cambio hay una referencia curiosa: En todo caso, en la intendencia del rico tradicional y poderoso se compra en grueso y no con repetida frecuencia.

Una economía de gran señor seguía siendo una economía tradicional o de subsistencia, una oeconomía , basada en la autonomía doméstica de provisión, ajena al mercado urbano y a su crematística En los ricos de reciente elevación se dan faltas sociales con frecuencia.

Es el caso de los ricos recientes, en su alto nivel social. En ese género celestinesco, verdadera ola de literatura obscena que tanto se difunde en España en las primeras décadas del XVI, se mantiene tal característica No hay necesidad de acudir a motivaciones étnicas en Rojas para explicarse datos de esta naturaleza ni tendría sentido; basta con ver una situación de la época. Echa en culpa al alcalde, que ha ordenado la ejecución de sus servidores, haberle colocado en tan desairada posición, y le recrimina por su proceder, mas no porque haya olvidado, al actuar de ese modo, la condición de, caballero del amo a quien los condenados servían, sino por haber sido ingrato a los favores económicos que debía a su padre.

Sin embargo, Calixto reacciona muy pronto, dando prueba de lo poco que ha calado en él el sentimiento de las obligaciones que le impone su condición de señor. También Pleberio y Celestina, cada uno por su parte, muestran reacciones semejantes.

Aunque esto lo haya conseguido Rojas con recursos literarios magistrales, no hay que ver en ese aspecto solamente un problema de técnica de escritor. Se trata de toda una nueva manera empleada en la captación de la realidad humana, considerando que esta se da siempre en un hic et nunc , y que cuando se quiere reflejar aquella en una obra literaria es necesario recogerla inserta en esas circunstancias, al modo como un arbusto, para conservarlo vivo, se transplanta con su cepellón.

Con esto, es decir, con ese nuevo arte de captar lo real humano, ha dicho María Rosa Lida, se busca presentar al personaje en su intimidad Ahora bien, la intimidad de la vida personal, que nada tiene que ver, claro es, con la interioridad del alma, constituye típicamente un producto burgués.

Estrechamente ligado a ello va el aspecto literario que la obra ofrece y que representa una efectiva novedad. Todo ello puede ser indiscutible y la erudición incomparable de la señora Lida de Malkiel se emplea a fondo para demostrarlo. Tendremos que admitir que La Celestina corresponde a la tradición teatral, que toma de ella sus elementos y que el autor quiso hacer sinceramente una comedia o tragicomedia. Ese aspecto novelístico hay que atribuirlo a la cultura social de que la obra surge, cuyos supuestos el autor supo elaborar originalmente en esa nueva forma literaria.

Es necesario rebajar mucho la opinión tradicional que insiste sobre la poca aptitud de los españoles para el comercio. Los hechos prueban lo contrario. En el auge económico del siglo XV tuvo un papel fundamental el comercio marítimo externo En Italia, la relación de Sevilla y Génova es intensa, y, desde mediados del XV, con motivo de la hostilidad entre Barcelona y Génova, los barcos castellanos tienen una gran actividad que se extiende también a Marsella Un nuevo sentimiento de riqueza que ha sido estudiado por Fanfani, principalmente sobre fuentes italianas, pero que se extiende a toda la Europa occidental 70 mueve, y aun conmueve, el mundo social de La Celestina.

Lo reconocía también, por su parte, el poeta Ausias March:. No querría bienes mal ganados. La inversión de los términos, en el plano del espíritu burgués precapitalista, es clara.

Desde que, en el declinar del Medievo, una nueva mentalidad se anuncia, el fin de enriquecimiento es la ley y toda consideración moral, si no se pierde -en ninguna ocasión, desde luego-, pasa a segundo plano.

Sus amores con los criados de Calisto contrastan con la relación de Melibea y su amado. Representa el extremo de toda represión. Es la alcahueta de Melibea. Lucrecia es muy parecida a los criados de Calisto, ya que su maldad sobresale en el hedonismo o el interés por la sensualidad; esto lo podemos ver en el momento en que Celestina habla sobre la vida de las prostitutas. Cuando Calisto canta con gran sensualidad sus canciones y Melibea tiene relaciones con Calisto, Lucrecia siente envidia hacia su ama.

Es por ello que a Celestina no le fue difícil sobornar a Lucrecia con lejias para enrubiar cabellos y los polvos para quitar olores de la boca. Pero a diferencia de los criados, en ella no existe resentimiento alguno ante el trato de sus amos. La obra La Celestina hace un contacto directo y brutal con la realidad que produce la perturbación de los personajes. Pero antes de su destrucción, estos mismos personajes, conscientes de su mérito personal, se realizan en la ambición y la intensidad de la vida.

No hay duda de que cada uno tiene su particularidad de dar la visión de su tiempo y modo de vida de la época. Kumamoto University of Commerce. Publicado por viacorrecta en Hay en la obra -y tal es su propósito final- una reprobación de la sociedad que pinta, por lo menos en algunos de sus aspectos principales.

Pero, al mismo tiempo -y tal es la gran ocurrencia de Rojas-, hay una aceptación de la sociedad misma que se critica, como plano del que hay que partir: Sin duda, el honor, el deber, la fama, el puesto social, etc. Por eso es posible que se escriba una obra como La Celestina. Esa crisis social a que hemos aludido empezaba en ta parte alta de la estructura social. Pero el desorden interno que este personaje pone de manifiesto afecta ya a todos los estratos de la sociedad.

La clase de los señores, como clase dominante, es, sin duda, la responsable de la estructura y perfil de la sociedad. Mediante su dominio de los recursos de que la sociedad en cuestión dispone, aquella clase determina el puesto de cada grupo social en el conjunto, el sistema de sus funciones, el cuadro de sus deberes y derechos, es decir, la figura moral de cada uno de esos grupos.

En definitiva, la clase dominante es la responsable de las relaciones ético-sociales entre los diferentes grupos. Pero esto no es todo. En el prólogo del Anfitrión de Plauto, de donde, como es sabido, arranca la denominación de tragicomedia, se explica la invención del término por que en la obra aparecen reyes y dioses mezclados con esclavos En La Celestina , la utilización por Rojas de tal término denuncia la profunda fusión de ambos planos sociales en su obra: El grupo proletario se instala en el centro de la acción; tal novedad se muestra por igual en la doble cara tragicómica de La Celestina.

El planteamiento interrogativo del tema -anticipadamente shakespeareano- nos hace patente el fondo de la cuestión: Sobre esa base, el desatarse del drama de Calixto y de cuantos le siguen resulta inevitable He aquí el problema de fondo. Esa unidad se traducía en la unidad de Dios, en la del universo, en la unidad de una ordenación moral, en la unidad de un sistema social Orden y jerarquía fundaban esa unidad.

Pues bien, esa unidad es la que queda fundamentalmente trastocada: En el siglo XV el sentido de esta crisis es claro, por mucho que todo esto haya que considerarlo en una fase inicial, cuyo sentido, sin embargo, algunos, y entre ellos Fernando de Rojas, advirtieron desde muy pronto. Aunque sea arrancando de un tema muy pequeño y trivial, Celestina, dirigiéndose a una de sus muchachas, formula este pensamiento, en forma que bien parece pretender una significación general: Afirma Rojas en las primeras palabras del prólogo una idea que ha sido muy comentada: Nos parece demasiada doctrina la que se encierra en esa frase y demasiada argumentación la que en el texto del prólogo le sigue, para reducirlo al caso a que las aplica el autor.

Procede a continuación a confirmar lo que esas palabras iniciales dicen y para ello echa mano de toda una serie de ejemplos del mundo natural: Con tal imagen se abre la Tragicomedia. Luego confirmaremos esta relación, que aquí, por primera vez, nos surge al paso, y nos surge, precisamente, en el momento mismo de abrir la obra.

Los hombres del siglo XV, bajo la crisis de las ideas tradicionales de unidad y armonía, vivieron agudamente un sentimiento de variedad y de contraposición. En esos años críticos la imagen del mundo como concurrencia y lucha parece imponerse desde el plano de las relaciones económicas de mercado, que sobre esto ejercen una influencia decisiva, hasta el de las concepciones acerca del universo. Pero mientras, en el grupo de los personajes de La Celestina , veremos luego a Pleberio, como conclusión del drama que todos ellos han vivido, formular la tesis de que el mundo es un desorden fortuito contradictorio.

A nuestro modo de ver, es el desarreglo de la clase alta, de la clase ociosa -tal como pudo ser considerado con un criterio moralista en su tiempo-, que va a repercutir sobre todo el cuerpo social.

La Celestina nos da la imagen del mundo social del primer Renacimiento, sociedad que, en un plano destacado, nos presenta a la clase de los ricos bajo una nueva forma. La posesión de grandes bienes queda asimilada a la nobleza. Tal es el sentido sociológico de la clase ociosa, en virtud de las transformaciones sufridas por la sociedad estamental en el otoño del Medievo. El término, ocio , tal como aquí se emplea -diremos nosotros, siguiendo a Veblen-, no comporta indolencia ni holganza.

A las alteraciones sociales que provoca la constitución de la nueva clase ociosa de los ricos, responde fielmente el mundo de La Celestina. En el estadio de amplio desarrollo económico y en la situación cuasi-pacífica que alcanza la sociedad al término del Medievo, se produce el fenómeno de que los medios de que tradicionalmente se servía el caballero para conseguir reputación son reemplazados por medios económicos, medios con los que se alcanza aquella reputación social, en cuanto que permiten adquirir y conservar la riqueza.

Esta determina aquella, hasta el punto de que López Pinciano insiste: Antes, la superioridad de reputación de los miembros de la clase ociosa, en su etapa guerrera, se manifestaba en la abundante posesión de bienes y también de personas que, como siervos o esclavos, trabajaban para el señor.

De bienes y esclavos se había apoderado este por medio de sus armas y el dominio sobre unos y otros le libraba de trabajar. Su valor le eximía de trabajo material con lo que, andando el tiempo, la exención de trabajo manual fue testimonio de valor.

Ahora, en la etapa pacífica o económica, la superioridad se ha de reflejar también en un efectivo dominio sobre cosas y hombres. Nuevos ricos que quieren ser reconocidos como nuevos señores, tienen que establecer formas adecuadas en las que externamente se proyecte su condición de distinguidos. No hay en el texto de la obra ninguna alusión militar que le afecte, y, en sustitución de ello, demuestra ostensiblemente su ocio, practicando actividades o deportes meramente gratuitos -la caza, el paseo a caballo, el juego, el amor-.

No sólo es rico, sino que lo ostenta. La preocupación en este por las galas de vestir, que se hace patente en momentos importantes de la obra y se repite en todas las novelas del mismo género, responde cumplidamente al esquema sociológico que hemos expuesto. Son los hijos de una clase que trabajó severamente en acumular fortuna. Sus costumbres, sus sentimientos, su conducta entera, vienen condicionados por la posesión heredada, no ganada, de ricos patrimonios. Sus padres habían vivido bajo la ley de un ahorro calculado, de una administración inspirada en alto decoro, sí, pero de severa medida en lo adecuado de sus gastos.

Y un mercader del mismo tipo, Paolo da Certaldo, dejó escrito en sus memorias: Estos conquistadores de fortunas no recomiendan el no gastar, sino hacerlo con proporcionada adecuación. Sus hijos no se salen de esta norma, aunque le den diferente aplicación, cuando gastan espléndida y ostensiblemente en lo que piensan que les conviene, esto es, en llevar una vida de grandes señores.

Debido a la aparición de estos hijos de ricos, en el siglo XV hay, comparativamente, un desarrollo inusitado de los objetos de lujo. El refinamiento y multiplicación de los artículos de consumo alimentos, bebidas, trajes, etc. Tenemos, poco anterior a La Celestina , un testimonio sumamente vivaz y pintoresco de esta nueva situación social.

Haciendo la crítica de su tiempo, escribe el bachiller Alfonso de la Torre: Hay un dato sumamente elocuente: Lo sabe muy bien la vieja Celestina: Todavía décadas después, un médico lo declara en términos semejantes. Ello nos confirma cómo el lujo ostensible en el consumo era ley para un joven señor rico ocioso como nuestro protagonista. Pues bien, a esa joven brigada de gozadores y gastadores podía pertenecer sociológicamente Calixto.

Y en su mundo y medida, como corresponde a su condición femenina, Melibea. Pero ya en la Historia troyana descubrimos que un nuevo elemento ha sido introducido: Recordemos los términos en que Calixto hace el elogio de Melibea: Es el espíritu de la alta burguesía el que causa este cambio, como luego tendremos ocasión de exponer.

La aplicación del esquema interpretativo de que nos venimos sirviendo se puede seguir en otros aspectos. Todo ello nos da el cuadro de la alta clase distinguida, económicamente privilegiada, en la fase del primer Renacimiento. Bajo este aspecto nos aparecen ya los ricos del mundo social de La Celestina. Tanto se atribuye en ellas alto linaje a Melibea como a Calixto, por tanto, no tienen por qué, los que con juicio crítico e histórico hoy interpreten la obra, aceptarlas en un caso y rechazarlas en otro.

Rojas, cristiano nuevo, por su procedencia judaica y por su profesión de abogado, estaría próximo a los medios de la burguesía mercantil, tal vez sin participar de ella, y se sentiría preocupado por la relajación o desmoralización -en el sentido de la moral social tradicional- que en tales medios se producía, por, la caída de los viejos vínculos y el olvido de las viejas convenciones sociales que las relaciones mercantiles traían consigo.

Un trastorno en la vida de la sociedad traído por las relaciones cosmopolitas, exóticas, de los ricos, esto es lo que ya en los hijos de la gran burguesía se ponía por entonces de manifiesto, aunque en las nuevas maneras ennoblecidas de sus jóvenes no quedara a veces aparentemente ni el recuerdo del tipo de vida burguesa de que procedían.

Mencionemos algunas de ellas. Para expresar, en otra ocasión, su pesimismo, le oímos decir: Una feria con sus compras y ventas de mercancías, es la imagen que le viene a la mente en tan triste ocasión.

En su lamentación por la muerte de la que llama su rica heredera, Pleberio exclama: Estas frases no han sido objeto de una interpretación satisfactoria. Nadie a esto llamaría haber fabricado navíos, ni hoy, ni menos en el siglo XV, en que la palabra, de reciente difusión, designa embarcaciones importantes. Pleberio es, pues, por confesión propia, constructor o armador de naves, que ambos sentidos pueden tener sus palabras. María Rosa Lida ha hecho observar que en la obra de Petrarca De remediis utriusque fortunae -cuya influencia sobre La Celestina es tan amplia y relevante- aparece también un personaje en cuyas naves se cargan ricas mercadurías Ello completa el marco en que Rojas quiere situar el drama del desarreglo de los juicios morales que presenta en su Tragicomedia.

Son los honores sociales que el rico burgués compra con su dinero, introduciéndose en formas de tipo nobiliario, por la nueva vía de la riqueza. Para terminar nuestra interpretación, tengamos en cuenta que de todo ello habla Pleberio en una imprecación a la fortuna, a la que ha llamado administradora de los bienes materiales: Tal es el proceso de ennoblecimiento del burgués rico, conforme al tipo a que pertenece Pleberio, el cual ejerció en años anteriores el comercio por mar.

Así lo había sostenido Cicerón 47 y así se pensaba y se practicaba en la Europa del Renacimiento. Se trata de una traducción casi literal de Cicerón A fines del mismo siglo, todavía expone la tesis, como criterio general y con plena aceptación, López Pinciano En el pasaje de su De Officiis que acabamos de recordar, Cicerón hace un comentario interesante: Pues bien, la doble referencia a los navíos y a sus grandes heredamientos, en las palabras de Pleberio, coincide con ese esquema.

Apenas si se encuentra una sola mención de parientes y amigos, muy lejana y débil, en comparación con el modo que pudiera tener de considerar la parentela un joven de antiguo linaje distinguido. Se entretiene en deportes de contenido caballeresco subsidiario, sin otra excepción que la caza, de modo que no hay la menor alusión militar en torno a él.

Llama la atención la poquísima familiaridad que todos, en torno a Calixto, tienen con las armas, lo extraño que se les hace a los seguidores de este joven amo ir armados. A nadie, al recomendarle huya de los peligros del amor, se le ocurre proponerle se entregue a empresas guerreras.

Sus servidores son de poca calidad o improvisados -como ese mozo de espuelas que tiene que hacer las veces de criado personal. No hay mención de posibles propiedades señoriales, y en cambio hay una referencia curiosa: En todo caso, en la intendencia del rico tradicional y poderoso se compra en grueso y no con repetida frecuencia. Una economía de gran señor seguía siendo una economía tradicional o de subsistencia, una oeconomía , basada en la autonomía doméstica de provisión, ajena al mercado urbano y a su crematística En los ricos de reciente elevación se dan faltas sociales con frecuencia.

Es el caso de los ricos recientes, en su alto nivel social. En ese género celestinesco, verdadera ola de literatura obscena que tanto se difunde en España en las primeras décadas del XVI, se mantiene tal característica No hay necesidad de acudir a motivaciones étnicas en Rojas para explicarse datos de esta naturaleza ni tendría sentido; basta con ver una situación de la época.

Echa en culpa al alcalde, que ha ordenado la ejecución de sus servidores, haberle colocado en tan desairada posición, y le recrimina por su proceder, mas no porque haya olvidado, al actuar de ese modo, la condición de, caballero del amo a quien los condenados servían, sino por haber sido ingrato a los favores económicos que debía a su padre.

Sin embargo, Calixto reacciona muy pronto, dando prueba de lo poco que ha calado en él el sentimiento de las obligaciones que le impone su condición de señor.

También Pleberio y Celestina, cada uno por su parte, muestran reacciones semejantes. Aunque esto lo haya conseguido Rojas con recursos literarios magistrales, no hay que ver en ese aspecto solamente un problema de técnica de escritor.

Se trata de toda una nueva manera empleada en la captación de la realidad humana, considerando que esta se da siempre en un hic et nunc , y que cuando se quiere reflejar aquella en una obra literaria es necesario recogerla inserta en esas circunstancias, al modo como un arbusto, para conservarlo vivo, se transplanta con su cepellón.

Con esto, es decir, con ese nuevo arte de captar lo real humano, ha dicho María Rosa Lida, se busca presentar al personaje en su intimidad Ahora bien, la intimidad de la vida personal, que nada tiene que ver, claro es, con la interioridad del alma, constituye típicamente un producto burgués. Estrechamente ligado a ello va el aspecto literario que la obra ofrece y que representa una efectiva novedad. Todo ello puede ser indiscutible y la erudición incomparable de la señora Lida de Malkiel se emplea a fondo para demostrarlo.

Tendremos que admitir que La Celestina corresponde a la tradición teatral, que toma de ella sus elementos y que el autor quiso hacer sinceramente una comedia o tragicomedia. Ese aspecto novelístico hay que atribuirlo a la cultura social de que la obra surge, cuyos supuestos el autor supo elaborar originalmente en esa nueva forma literaria. Es necesario rebajar mucho la opinión tradicional que insiste sobre la poca aptitud de los españoles para el comercio.

Los hechos prueban lo contrario. En el auge económico del siglo XV tuvo un papel fundamental el comercio marítimo externo En Italia, la relación de Sevilla y Génova es intensa, y, desde mediados del XV, con motivo de la hostilidad entre Barcelona y Génova, los barcos castellanos tienen una gran actividad que se extiende también a Marsella Un nuevo sentimiento de riqueza que ha sido estudiado por Fanfani, principalmente sobre fuentes italianas, pero que se extiende a toda la Europa occidental 70 mueve, y aun conmueve, el mundo social de La Celestina.

Lo reconocía también, por su parte, el poeta Ausias March:. No querría bienes mal ganados. La inversión de los términos, en el plano del espíritu burgués precapitalista, es clara. Desde que, en el declinar del Medievo, una nueva mentalidad se anuncia, el fin de enriquecimiento es la ley y toda consideración moral, si no se pierde -en ninguna ocasión, desde luego-, pasa a segundo plano.

Vives formulaba así tal estado de espíritu: Pleberio no dice que con honra se hizo rico, sino que, con sus holgados medios, adquirió honras.

Sempronio, con cínico despego, declara que no le mueve ni le importa nada el remedio de su amo, sino salir él de pobreza.

La buena y holgada casa en que se alberga la vida personal, íntima, es el símbolo del bienestar económico -luego volveremos a encontrarnos con otra declaración semejante. Ahora tenemos que observar que ese lucro o provecho, generalmente, en el complejo de relaciones sociales de La Celestina , se contabiliza en dinero.

Y en el Rimado de Palacio , el canciller López de Ayala tiene frases semejantes. Hay incluso testimonios que pueden tenerse por anteriores Pero una cosa es la mera expresión literaria sobre este tópico acerca del poder de la riqueza y otra muy distinta comprobar en qué manera y con qué amplitud los medios de pago de tipo dinerario se han introducido en la vida social.

Es de interés tomar en consideración el alto grado de desarrollo de la economía dineraria que se puede apreciar y aun medir en La Celestina -se nota también en esto, claramente, una diferencia de fase, respecto al Libro de Buen Amor. El dinero es lo que se busca, es lo que se emplea en las relaciones de dar y tomar, es lo que funciona como medida para valorar bienes.

la celestina prostitutas vestidos prostitutas

: La celestina prostitutas vestidos prostitutas

SEXO CON PROSTITUTAS PORNO RELATOS PORNO DE PROSTITUTAS Prostitutas ucranianas chat prostitutas
PROSTITUTAS ORIHUELA LAS PROSTITUTAS MAS BARATAS DEL MUNDO Famosas que fueron prostitutas localizacion prostitutas
Prostitutas de lujo en madrid prostitutas olesa de montserrat Lo la celestina prostitutas vestidos prostitutas es que las ciudades son las que aumentan. Y como, aunque esta relación sea bilateral y activa por montera prostitutas prostitutas de lujo en hotel partes, es al grupo de los poderosos al que ha correspondido la iniciativa y la influencia determinante sobre el conjunto, resulta perfectamente atinado en La Celestina que el desarreglo de Calixto sea el que motive el drama de todos los personajes. Tendremos que admitir que La Celestina corresponde a la tradición teatral, que toma de ella sus elementos y que el autor quiso hacer sinceramente una comedia o tragicomedia. No hay necesidad de acudir a motivaciones étnicas en Rojas para explicarse datos de esta naturaleza ni tendría sentido; basta con ver una situación de la época. Tengo, pues, que reconocer, sinceramente, la satisfacción que me ha causado la favorable acogida de que ha sido objeto.
La celestina prostitutas vestidos prostitutas 700
Pero el desorden interno que este personaje pone de manifiesto la celestina prostitutas vestidos prostitutas ya a todos los estratos de la sociedad. Ante un mundo de relaciones sociales de este tipo, Celestina no aconseja al joven servidor que procure buscarse un empleo de diferente condición, puesto que todos son semejantes, sino que le recomienda aprovecharse egoístamente y calculadamente del que tiene mientras dure. Y a estos juicios de Celestina, de los criados, de las rameras, se corresponde un perfil de Calixto, magistralmente trazado en los sucesivos episodios de la obra, de un radical egoísmo utilitario, que Gilman y María Rosa Lida han la celestina prostitutas vestidos prostitutas de relieve en sus respectivos estudios Sus costumbres, sus relaciones, sus conversaciones, su callejeo, son propios de la vida de ciudad. Creer que esto deriva de una actitud de hipocresía es ingenuo. Tal es también la interpretación que se da al género celestinesco, desarrollada y fundamentada, con todos los lugares comunes propios de la materia, en el largo prostitutas en hospitalet de llobregat malaga prostitutas de la Tercera Celestina: En esos versos a que aludimos, el criado le dice francamente a su amo:.

0 thoughts on “La celestina prostitutas vestidos prostitutas

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *